Jesús Campos García
Autor teatral, director y escenógrafo

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Una cuestión de autoestima (I)


 

 

 

 

 

 

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Publicado en: Las Puertas del Drama, núm.
7 (Verano 2001), pág. 3.

 

Tradicionalmente, el sector teatral solía expresar sus problemas o demandas a través de los representantes de sus distintos oficios, cuando no mediante las declaraciones personales de una figura relevante de nuestra escena a la que los medios de comunicación atribuían representatividad. O dicho de otro modo, carecíamos de una articulación entre las distintas asociaciones que nos permitiera manifestarnos ante la sociedad y sus administraciones con una sola voz.

Por el contrario, en nuestro acervo contamos con una vigorosa tradición polemista que en absoluto deberíamos abandonar, que eso sería tanto como renunciar a nuestro espíritu crítico, pero que sí deberíamos circunscribir al ámbito del debate intelectual, sin que tal actitud beligerante tenga por qué adoptarse como único modo de relación.

Desde el estrés a la silicosis, unas más otras menos, todas las profesiones padecen su propia enfermedad laboral, y las gentes del teatro, que jugamos, trabajamos y nos manifestamos a través de los conflictos, a fuerza de frecuentarlos hemos acabado asumiéndolos en nuestra relaciones internas; y así, contaminados por el carácter heroico de nuestros personajes, con frecuencia hemos preferido el placer de una frase rotunda o de un gesto dramático al sometimiento a la realidad siempre necesario para llegar a acuerdos en la mesa de negociación.

Pues bien, tan brillante como infructuoso pasado nos ha llevado a ser el sector artístico más desatendido por los poderes públicos, a sufrir una pérdida de presencia en los medios y a un desconcierto interno que ni en tiempos de bonanza nos permite desplegar nuestra potencialidad.

Y no evitaré la palabra crisis, tan denostada, si bien me apresuro a apostillarla con la ambivalencia de su significado, que no es otro que el de mutación de la que puede derivarse empeoramiento o mejoría.

El teatro, como todo lo vivo, está sometido a continua transformación, crisis de la que necesariamente no debe derivarse un empeoramiento; muy al contrario, en mi opinión, estamos inmersos en una crisis esperanzadora, y en la medida que seamos capaces de darle un tratamiento adecuado, el teatro no solo continuará siendo una de nuestras principales actividades de ocio y conocimiento, sino que volverá a ser la de mayor relevancia y consideración.

... la autoría es un oficio en crisis en un sector en crisis. Transformación en la transformación, todo transformación.

Y si de crisis hablamos, cómo pasar por alto la crisis del autor (e insisto una vez más en el carácter transformador del término). Tras el apogeo del teatro físico o de imagen, tras la experiencia de la creación colectiva y, sobre todo, tras la existencia de la dirección de escena y el teatro de la especialización, la autoría, más que nunca, se ve sometida a un proceso de redefinición de sus funciones que posibilita opciones tan distintas como la de autor de gabinete o la de autor-director, con toda la gama de fórmulas intermedias en las que se dosifica en mayor o menor medida su implicación en el hecho escénico. Aunque esto es materia de otra reflexión. Mas dicho queda: la autoría es un oficio en crisis en un sector en crisis. Transformación en la transformación, todo transformación.

Y traigo esto a colación porque, probablemente, tanta precariedad y expectativa fue lo que nos llevó al convencimiento, a poco que tuvimos responsabilidades al frente de la AAT, de que era necesario articularse con las asociaciones representativas de los otros oficios teatrales para que esas transformaciones no se produjeran con el lastre del enfrentamiento fratricida, sino aligeradas por un nuevo talante, por qué no decirlo, más posibilista.

Y fue así, de modo casual y sin grandes formulaciones, como la AAT solicitó el concurso de la ADE y de la Asociación de Empresarios, que a su vez contactó con la Unión de Actores, y en apenas unas semanas, con toda la naturalidad de quienes respondíamos a una necesidad compartida, constituimos de un modo informal lo que dimos en llamar "Mesa del Teatro", punto de encuentro para entendernos entre nosotros y plataforma para expresarnos con una sola voz, pretensiones estas en apariencia humildes que nos permitirían en un futuro, ya presente, emplearnos conjuntamente en proyectos de más envergadura.

(Continuará).

 

Jesús Campos García



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