Jesús Campos García
Autor teatral, director y escenógrafo

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Artículos, "terceras" y cuadernos de bitácora

(1999-2000)


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Las Puertas del Drama,
4 (2000), p. 3.
 

“Libros, al Salón”

Desde el comienzo, por acuerdo y por práctica, siempre estuvieron bien delimitados los territorios de estas publicaciones que ahora, lector, tienes en la mano. Así, mientras EntreCajas atiende a lo contingente, Las Puertas del Drama sobrevuela lo cotidiano para ocuparse de lo fundamental, o lo que es lo mismo, aunque pudiera parecer inverso, profundiza en los fundamentos sobre los que se asienta lo cotidiano. (Todo un rizo). De ahí que las actividades, tanto colectivas como personales, siempre relacionadas con la autoría, se acomodan en el boletín, mientas que la revista se orientó más a la reflexión, al debate, al comentario y, en última instancia, a compilar los materiales menos perecederos.

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Las Puertas del Drama,
3 (2000), p. 3. Especial: Reflexiones en torno a la dramaturgia latinoamericana actual
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“Distantes y próximos”

Que el arte es universal y eterno, es una falacia tras la que se oculta el deseo de someterlo a normas, de imponer modelos, de establecer escalas de valores para así arbitrar, controlar, en definitiva: desactivar su capacidad transgresora. Algo más universal y eterna (universal y eterno no lo es nada) es la condición humana; de ahí que la obra de arte mantenga distintos niveles de eficacia, pese a que la distancia y el tiempo alejen la realidad del creador de la realidad de aquellos que la reciben en distinta época o lugar.

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Las Puertas del Drama,
2 (2000), p. 3. Especial: Buero
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“Pasar el testigo”

Con Valle y Unamuno muertos; Lorca, fusilado; Benavente, rendido; Alberti, Max Aub, Bergamín, Casona, León Felipe, Salinas y otros muchos, exiliados; sin olvidar a Miguel Hernández, su amigo –autor de autos– muerto en prisión; a la postre, con la autoría desmantelada, el teatro español, tras tanta desgracia e ignominia, lejos de reflejar la realidad, solo alzaba el telón para evadirse la realidad; en el mejor de los casos, para que Jardiel hiciera piruetas con la realidad; en definitiva, para negar la realidad. La tradición truncada. Todo teatro de riesgo y compromiso, ya de por sí en precario (siempre bajo sospecha y siempre sometido a las leyes del éxito), había sido proscrito.



         

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Las Puertas del Drama,
1 (2000), p. 3
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Hacerse oír, hacerse entender”

En este oficio nuestro de comunicar, la necesidad de hacerse oír es primordial y básica. Así, ante el mare mágnum de mensajes que el sistema propicia para fomentar la polución cultural, el creador ha de encontrar el modo de singularizar su obra.

Crear es eso: inventar un signo con el que transmitir más eficazmente un significado. De ahí que cuanto más arriesgados sean los modos, cuanto más se violente la convención establecida; en definitiva, cuanto más se “grite”, más nos haremos oír. Ahora bien, cabe el peligro de que, a fuerza de violentar los códigos, nuestro “grito” sea tan desaforado que el exceso de singularidad (de originalidad) nos lleve a la paradoja comunicativa de que se nos oiga, sí, pero no se nos entienda.

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las-puertas-del-drama18

Las Puertas del Drama, 0 (2000), p. 48. Especial: El teatro y su historia.

 

La generación del XXI: Convocatoria


Con motivo del feliz advenimiento del tercer milenio, y en el marco de los fastos con los que la humanidad (occidental) celebra tan irrelevante acontecimiento, la Asociación de Autores de Teatro ha tenido a bien inventarse una generación de amplio espectro que ampare y cobije a cuantos autores (o similares) deseen acogerse bajo su manto. Ocurrencia ésta que no tiene otro fin ni propósito que el de hacernos unas risas a expensas de las generaciones restrictivas y periclitadas que fueron la sal y sobre todo la pimienta del añorable siglo XX.

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matrimonio-de-un-autor

Las Puertas del Drama,
0 (2000), p. 3. Especial: El teatro y su historia.

 

“De generaciones y manipulaciones”

En tiempos de Herodoto, un siglo daba para tres generaciones; ahora, con las nuevas tecnologías, la cosa cunde mucho más, y llegará el día en que, gracias a Internet, en una mañana puedan darse varias (incalculables en una noche, con las tarifas más bajas). O sea, como hongos. En sociología es perfectamente entendible que se hable de espacio generacional. Y ya se trate de vidas, de décadas, o de días (que todo llegará), parece lógico que pueda estudiarse el comportamiento de un colectivo en función de la herencia cultural recibida, de los acontecimientos vividos o de la expectativa que les anima.

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assaig-de-teatre

Las Puertas del Drama,
-1 (1999), p. 3. Especial: SGAE: 1899-1999
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“Centenario feliz"

Al socaire del centenario de la SGAE, cabría preguntarse: ¿Hay autores? Porque si no los hay, ¿cómo es que se recaudan tantos tropecientos miles de millones por sus derechos? El planteamiento es tramposo, porque todos sabemos que tan ingente negocio tiene su origen en autorías diversas: mucha discografía, televisión, conciertos, bastante cine, e incluso algún teatro; si bien aquí habría que distinguir entre adaptadores, traductores y autores dramáticos genuinos (los menos), como los que fundaron la Sociedad.

¿No hay autores? ¿Sí hay autores? Menudo debate. ¿Cabe discusión más pedestre? Pues aun así, hubo que entrar al trapo. De hecho, uno de los objetivos fundacionales de esta asociación fue el de dar respuesta a la opinión intencionadamente extendida de que no había autores, dándose la paradoja de que los que no existíamos tuvimos que unirnos para existir.

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teatro-prensa-y-nuevas-tecnologias

Las Puertas del Drama,
-2 (1999), p. 3.
 

“La creación inducida”


"'A mí no me estimulan los paisajes, sino las palabras', me decía una poetisa amiga nuestra, por lo demás teatrera; a mí, en cambio, me tientan los conflictos (hoy tan denostados), y tal le ocurrirá al músico con los sonidos o al escultor con los volúmenes. Son nuestros juguetes que, en virtud del juego, se convierten de insignificantes en significativos. Así, como quien sale de copas por ver qué se tercia, el creador alterna con los materiales de su creación ...".

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Las Puertas del Drama,
-3 (1999), p. 3
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“Carne a la pimienta”


"En folios blancos, como este en el que ahora comienzo a garabatear, o en la pantalla, cuando quien escribe gusta de hacerlo como si tocara el piano; sea cual fuere el soporte —que los hubo más primarios y los habrá más tecnificados—, sirviéndonos de la escritura, los autores proyectamos la obra, soporte y estructura del hecho teatral. Que aquí, en la soledad del escritorio y no en el ajetreo del escenario, es donde se crea de la nada (?) lo que posteriormente será interpretado...".

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ABC,
10-junio-1998 (1ª ed.), p. 68
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“Max o menox”

Qué pena, ¿no? Para una vez que nos apuntamos al glamour y a la impostura (todo sea por la promoción del teatro), resulta que se nos derraman las reivindicaciones en medio del festejo y salpicamos de inconveniencias a los invitados. Digo yo que el temor a que alguien "contestase" el carácter hollywoodiense de la gala pudo ser el origen de la idea: "Hagamos una gala contestataria y así, autocontestándonos, evitaremos que a nadie se le ocurra contestarnos". Ingenioso, brillante incluso, pero en el papel. Puesta en pie, la ocurrencia hace aguas y zozobra y, al final, todos náufragos.



         

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En: Mariano de Paco (ed.), Creación escénica y sociedad española, Murcia, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia, 1998, pp. 25-29.
 

“El poder de los signos escénicos y el poder”

Arrabal cuenta (ignoro sus fuentes, pero la historia es tan verosímil que no dudo en citarla) cómo Stalin, ante el dilema de poner el teatro en manos de los actores (peligrosos por su popularidad) o de los autores (peligrosos por su actitud crítica), optó por otorgar el poder a los tramoyas, gremio que consideró más domeñable, y así convirtió a los regidores en directores de escena; cargo que en no pocas ocasiones se adornó con las más altas cualidades artísticas, pero cuya función original fue la de comisario político; dicho esto sin acritud y sólo por redondear la broma con terminología a juego.

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las-puertas-del-drama18

Primer Acto, 270 (sept.-oct. 1997), pp. 22-23.

 

Triple salto mortal con pirueta


Puede que la otra vida no sea sino una invención literaria (la respuesta interesada a una demanda de eternidad), mas el hecho de que su comprobación sea imposible no invalida su realidad compo expectativa. Pensar que todo acaba con la muerte es tan indemostrable como lo contrario. Ahora bien, si a esta falta de verificación le añadimos un ajuste de cuentas con premios y castigos, entonces ya no es posible sustraerse a la idea de que estamos siendo manipulados por aquellos que administran la divinidad como si fuera su patrimonio.

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Boletín Informativo de la Asociación Colegial de Escritores de España, 35 (jun. 1996), p. 24.

 

"Las dictaduras prohíben, las democracias confunden”

Tal vez no sea más que un juego (un modo como otro cualquiera de aferrarse a la infancia) pero jugando explicamos el mundo. No el Universo, ni siquiera el planeta que habitamos, sino el mundo personal, el inmediato; y aunque lo más probable es que únicamente nos expliquemos a nosotros mismos, cuando esto se consigue, ya es un triunfo.

"Ordenar el caos", así se llama el juego. Y es tan fácil (en ocasiones) como imposible (las más de las veces), sin que nadie sepa bien de qué depende. Su práctica consiste en disponer los colores, los sonidos, las palabras y/o los volúmenes de forma que el discurso sensitivo que se origina en nuestra memoria resuene en la memoria de los demás, dando así a entender aquello que era necesario ser entendido.

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assaig-de-teatre

En: C. Álvarez-Nóvoa (ed.), El autor tiene la palabra. (I Jornadas de Autores Teatrales Andaluces, 1995), Sevilla, Centro Andaluz de Teatro, col.“Cuadernos de Teatro”, 1996, pp. 192-198.

 

“Análisis, diagnóstico y tratamiento de las dolencias que aquejan al autor terminal”

“Guardar la obra en el cajón” era todo lo que había que hacer. Con sólo alcanzar este logro, el esfuerzo estaba ya justificado. Excepcionalmente, el texto podía ser premiado, editado, e incluso estrenado; sin embargo, visto con distancia, nada de eso parece ser que fuera la finalidad que se perseguía. Tengo la confusa sensación de que toda una generación de autores escribió textos teatrales con el único objeto de guardarlos en el cajón. La sola existencia de un teatro maldito servía para evidenciar el carácter inquisitorial de la Dictadura; régimen frente al cual la sociedad, como defensa natural y espontánea, inventaba las más diversas formas de militancia.

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