Jesús Campos García jcampos
   
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Escenografía de Entrando en calor

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"La acción ocurre en un salón amplio y lujoso de un céntrico apartamento en el que todo se adivina, pese a la oscuridad, en el más completo desorden. Por la ventana, y es lo único que se muestra con nitidez, se divisa la copa de un árbol en un estado lastimoso y las ruinas de unos edificios en demolición". (Entrando en calor, p. 1).

 

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Plano del espacio escénico. Implantación en la Sala Mirador de Madrid (1990)
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Comentarios críticos:

"Jesús Campos, como director y escenógrafo, resuelve todo como lo pensó como autor. Parece la única combinación realmente fecunda en el teatro".
(E. Haro Tecglen, El País, 8-XII-1990).

"Un hombre y una mujer -él paralítico para más señas- dialogan, discuten y reinventan la vida en un espacio sórdido, mitad vivienda, mitad almacén, presionados por una situación límite cuya clave solo nos llegará al final de la representación.
El caos exterior, latas de conserva amontonadas, cajas, cachivaches, suciedad, resulta un trasunto del desconcierto existencial de los personajes, de su afán por no abandonarse a la desesperanza, de su búqueda del instante perfecto que consiga trascender el nauseabundo presente".
(Lola Santa-Cruz, El Público, mar. 1991).

"No sólo la personalidad de los protagonistas nos depara sorpresas. El espacio escénico también cambia sin cambiar. [...]. Pese a la proyección al exterior que el diálogo nos induce a pensar, apreciamos pronto que todo se produce en un mundo cerrado, un mundo que aproxima la situación al absurdo.
Los alimentos y material de derribo acumulados en cualquier lugar nos hacen pensar en “los restos del naufragio”. Como en Final de partida de Beckett, el espacio cerrado parece el efecto de un cataclismo que ha dejado a Adán y Eva solos en un mundo hostil del que nada pueden esperar".
(J. García Templado, Especulo, 2002).