Jesús Campos García jcampos
   
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Artículos, "terceras" y cuadernos de bitácora

(2008-2009)

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En: J. Campos, 7000 gallinas y un camello, Sevilla, Centro de Documentación de las Artes Escénicas de Andalucía, 2009: 97-142.
 

"Cuaderno de bitácora: 7000 gallinas y un camello"

A comienzos de los 70, que es cuando reemprendo mi andadura teatral, los compañeros de más edad ya habían desarrollado algunas estrategias para burlar los controles de la censura (situar la acción en otro tiempo o en otro lugar fueron, sin duda, las más utilizadas); aun así, no sé si por temeridad o por desconocimiento, mis primeras obras las escribo a las claras y sin ningún miramiento. Sobre todo Furor, texto que "merecería" la prohibición unánime de los censores...

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En: J. Campos, La fiera corrupia, Bilbao, Txirlora – Centro de Documentación de Títeres de Bilbao, 2009: 95-99.

 

"Cuaderno de bitácora: La fiera corrupia"

Cuando nos ponemos a escribir, generalmente lo hacemos pensando en algún colectivo o en alguien más o menos concreto; en nuestro "espectador modelo" (que diría Eco), por más que tal entelequia no siempre tenga cara sino que, las más de las veces, su identidad es tan imprecisa como la obra en ciernes con la que tratamos de comunicarnos con él. Vamos, que tanto la obra como su destinatario son fruto de nuestra imaginación...

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Las Puertas del Drama,
36 (2009), p. 3.
Especial: Literatura dramática siglo XXI
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"Teatro a la carta"

Si a día de hoy –con el 9% del siglo transcurrido– hubiera que inventariar los activos de nuestra ficción escénica, nadie podría decir que esta es reiterativa, clónica o monocorde, que si de algo adolece es de diversa o de falta de canon. Cierto que hay capillitas en las que puede darse el ombliguismo, pero con una mirada más amplia el paisaje que se observa es muy variopinto e incluso promiscuo, que nuca se dio tanto mestizaje como el que ha propiciado la posmodernidad. De ahí que las alternativas que ofrece el teatro frente a los productos estándar de las industrias culturales, propicien un ocio más a la medida, más personal y, en consecuencia, menos alienante. Son las ventajas de la artesanía.

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as Puertas del Drama,
35 (2009), p. 3.
Especial: Teatro del ocio. Consumo del teatro en España
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"El ocio cautivo"

Perder el tiempo, como dejar correr el agua, podría llegar a considerarse delito ecológico. Aun así, yo suelo solazarme con ese despilfarro, por mucho que la ecología, en su vertiente más eclesiástica, se empeñe en culpabilizarnos hasta por respirar. Vivir el tiempo libre en libertad debería ser el mínimo derecho exigible al modo de vida occidental, aunque de momento parezca inalcanzable. Si entregamos nuestro tiempo a la causa común de construir una sociedad capaz de devolvernos tiempo, tampoco es mucho pedir que no nos lo devuelva envenenado. Que es justo como lo respiramos: con altas emisiones de “ideas CO2".

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Las Puertas del Drama,
34 (2009), p. 3.
Especial: Teatro en las autonomías
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"Teatro en porciones"

Nadie clama por nada. En el origen de cada discurso siempre hay un motivo; personal, si, pero no ajeno a la motivación que hace clamar a los demás. Ahí radica el carácter universal del arte, en que todos clamamos por las mismas cuestiones. La temática es zona compartida: nos inquieta la muerte, nos subleva la injusticia, nos excita el sexo; y así, mayores o menores, los temas que nos mueven conciernen igualmente –que no por igual- a todo ser humano. Otra cuestión es cómo los expresamos, la naturaleza del clamor.

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En: J. Campos: A ciegas, Hondarribia, Hiru, col. Skene, 2008, pp. 7-8 y 134-144.

 

"Cuaderno de bitácora: A ciegas"

El propósito, largamente cumplido, de no volver a escribir teatro –fruto del sentimiento de inutilidad que es propio de este oficio-, y la necesidad imperiosa de volver a dramatizar, me pusieron en el brete de tener que hacerme trampa. Y fue así como me vino la idea de escribir un guión de radio. El afán, que no sabe que inventar para seguir adelante.
Manos a la obra, y dando respuesta a la primera pregunta: “¿Dónde están?”, que en esta ocasión formulé incluso antes que “¿Quiénes son?”, se me ocurrió que, lo que fuera, debería ocurrir en la oscuridad. Quería resolver cuanto antes una de las premisas que considero fundamentales en la mayor parte de mis obras: el espacio, y la oscuridad era una escenografía que el oyente podría reproducir con facilidad...

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Las Puertas del Drama, 33, (2008), p. 3.

 

“El detector de intereses”

Desde que Alfred Nobel tuviera el acierto de fundar el galardón con el que prestigia su memoria, ciento cinco escritores de todo el mundo han sido distinguidos con el premio mayor de la lotería literaria, generándose con tales concesiones los consiguientes beneficios mutuos que estos honores conllevan.

Y es que todo premio –no sólo los mayores, también la pedrea– genera un flujo y reflujo mediático que beneficia sobre todo al premiador, que es el que sigue presente cada año y, por supuesto, cómo no, al premiado; pero también a todos los que participan del fenómeno literario, incluidos los receptores...

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